Revista nº 99

  • » La demanda interna reorienta el mercado eco
  • » La transformación del comprador "activista"
  • » La Administración revisa su estrategia de promoción
  • » Los suplementos vitamínicos mantienen su liderazgo
  • » Cosméticos naturales, sinónimo de salud y belleza
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    Artículos

    La transformación del comprador “ecológico”

    Reportaje

    Cada vez son más numerosos y, a la vez, exigentes. Desde la perspectiva del consumo, conforman un grupo social heterogéneo que guarda similitudes con el consumidor convencional, pero mantiene también ciertas peculiaridades en la toma de decisiones de compra. ¿Movidos por la moda, o amantes de una filosofía de vida? Ofrecemos aquí una guía para conocer y entender las claves de su comportamiento.

    Editorial: Sin pecar de conformismo

    Luces y sombras. Percibimos ambas en la
    evolución que ha experimentado el sector
    en todos los ámbitos, desde los meramente
    técnicos relacionados con la producción,
    pasando por el ámbito más institucional,
    aquel que posibilita una comunicación fluida
    y una transmisión de intereses eficaz desde los agentes
    implicados hacia las Administraciones competentes. El
    mercado y el consumo ecológicos han experimentado
    transformaciones interesantes en el último año, pero
    parece evidente que, gracias a la apuesta decidida de los
    poderes públicos y también a pesar de algunas disfunciones
    originarias de los mismos, tanto el mercado como el
    consumo están viviendo una transición necesaria.
    No tenemos que remontarnos muy atrás para recordar los
    tiempos en los que la distribución de productos ecológicos
    y las ventas asociadas en comercios tanto convencionales
    como especializados constituían prácticamente una
    excepción a la regla, la del tradicional (y en ocasiones
    inexplicable) respeto por las producciones en masa, los
    alimentos modificados o artificiales, y los productos expuestos
    a fertilizantes y fitosanitarios. Actualmente el
    5% de la producción mundial es ecológica, y el sueño de
    muchos es el de ver invertida esa cifra, de forma que el
    95% lo conformen los alimentos ecológicos y sólo el 5%
    represente los restos de un sistema diseñado para abastecer
    a la población sin atender al cuidado de su salud y
    del medio ambiente.
    En España, nos felicitamos por una tendencia creciente impulsada
    desde la producción y también desde el consumo.
    El gasto per cápita asciende a 32 euros por año, 7 más que
    el año anterior; y no sería justo entrar en comparaciones
    con los países nórdicos, por ejemplo, donde el más rezagado
    supera los 100 euros per cápita anuales. La demanda
    interna sube enteros y otorga esperanza de cara al futuro
    más cercano, y las Administraciones mueven ficha para
    adaptarse a las necesidades de los diferentes operadores
    y demás miembros de la cadena agroecológica. Así,
    los principales agentes del sector aplauden la iniciativa
    del Ejecutivo central para abordar una nueva estrategia
    de producción ecológica; al mismo tiempo, sin embargo,
    echan en falta algo tan básico como el dinero, la dotación
    presupuestaria que aporte seriedad e inspire confianza
    en los interlocutores. Representantes de organizaciones
    vinculadas al mundo bio confiesan su hartazgo ante lo que
    consideran un compromiso a medias, en un momento en
    el que el resto de potencias europeas parecen actuar con
    mayor eficacia en la defensa de los intereses patrios.
    En este sentido, es difícil entender la urgencia que transmite
    el Gobierno español para que el borrador de reforma
    del Reglamento europeo para la producción ecológica se
    apruebe con la mayor celeridad posible; máxime cuando
    la Administración central, y también las autonómicas, conocen
    bien cómo nació aquel proceso de reforma y quién
    podría salir beneficiado de la misma (adivinen, no hablamos
    de España). Dicho esto, todos coinciden en alabar los
    esfuerzos de un Ministerio que, por lo demás, ha detectado
    lagunas normativas a subsanar en ámbitos como el de los
    insumos, ausentes (una vez más, de forma inexplicable) en
    la norma comunitaria. Tendremos nuestra propia norma,
    y la seguridad jurídica saldrá ganando.
    Felicitémonos, pues, por las luces que alumbran los citados
    crecimientos en hectáreas, producción, consumo interno e,
    incluso, en concienciación social peleada por los verdaderos
    activistas del mundo eco. Pero no nos hagamos los suecos
    ante las ligeras sombras que amenazan con provocar un
    retroceso en los logros que con enorme insistencia han
    sabido obtener nuestros agricultores y ganaderos.

     
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