La asombrosa efectividad de los tratamientos naturales en el TADH

Sección: Reportaje

Publicación: Revista nº 97

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un diagnóstico, cada vez más popularizado, que carece de entidad clínica. Para empezar, no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patológico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas como que el niño se distrae a menudo y se mueve mucho
La asombrosa efectividad de los tratamientos naturales en el TADH

Si un padre preguntara al clínico por qué su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le respondería porque tiene TDAH, y si le preguntara ahora cómo sabe que tiene TDAH, le diría porque es desatento e inquieto. Por lo demás, insisto, no existe ninguna condición neurobiológica ni genética identificada y sí muchas familias que no asumen que la educación de los niños es más difícil de lo que se pensaba.

Uno de mis últimos casos ha sido una niña de 12 años que llamaremos Noelia, fue diagnosticada con asma, además de tener alergias ambientales, congestión nasal recurrente, brotes de eccemas, dolores estomacales, periodos de estreñimiento alternados con diarreas, dolores de cabeza y musculares, calambres y de forma recurrente infecciones diversas. Además tenía ansiedad nerviosa y continuos deseos de consumir dulces. Por ello, fue a diferentes especialidades médicas que trataron sus síntomas con varios medicamentos. Obviamente estaba tomando Ritalin para el TDAH, pero también antihistamínicos, inhaladores para el asma, omeprazol como protector gástrico e ibuprofeno de forma continua para sus diversos dolores. Un cóctel de medicamentos que para una niña de 12 años nunca debiera existir y que tampoco mostraba ser una ayuda, ni para sus síntomas ni para su salud física y psicoemocional. Noelia, por ahora, no tenía que tomar otros medicamentos “para su salud mental” pero existen muchos otros niños con TDAH que ya están tomando medicamentos antipsicóticos, antidepresivos y/o ansiolíticos.

Mi primer paso fue corregir su nutrición general y en especial la del cerebro. Como muchos niños con TDAH, se observaba en Noelia una necesidad compulsiva de consumir alimentos dulces y comida basura (alimentos procesados y refinados). En una dieta típica de ellos se incluyen azúcar y alimentos refinados en exceso, grasas de mala calidad como ácidos grasos trans y aditivos alimentarios como colorantes y saborizantes artificiales. Algunas de las deficiencias nutricionales más importantes confirmadas mediante analíticas son:

-          Ácidos grasos Omega-3 (EPA y DHA), esenciales para la salud neurocognitiva.  Una deficiencia especialmente en DHA (que constituye el 60% de nuestro cerebro) está directamente relacionada con TDAH, así como con el eccema y un sistema inmunológico débil.

-          Tritpófano, aminoácido necesario para la síntesis de serotonina (fundamental para un buen estado de ánimo) y de melatonina, hormona que promueve en especial el buen dormir.

-          Vitamina B6 es crucial para convertir el triptófano en serotonina.

Mi paciente Noelia mostraba un estado de ánimo inestable y problemas de sueño, además de la falta de concentración. Parte de la medicación que estaba tomando le “robaba” la B6 de su organismo, por lo que cabe pensar si su “trastorno” era realmente tratado o más bien perjudicado por los medicamentos:

-          Bajos niveles de otras vitaminas como la D, que además bajan su sistema inmune, y vitaminas antioxidantes como la A, la E y el beta-caroteno, se han observado en dichos pacientes. Además, es común observar bajos niveles de zinc, fundamental también para tener unas buenas defensas y detoxificar el organismo adecuadamente de metales pesados. Todo ello hacia que Noelia sufriera constantes infecciones, eccema y alergias, además de los síntomas propios de la hiperactividad. Por otro lado, los bajos niveles de magnesio que suelen tener también le causaba dolores de cabeza, ansiedad, insomnio, calambres y dolores musculares.

Aprovechando la consulta y sus problemas gastrointestinales que le impedían llevar una alimentación pautada, Noelia se realizó el test de sensibilidad alimentaria y mostró reacción a unos 20 alimentos, incluyendo lácteos, algunos frutos secos, casi todos los cereales especialmente el trigo y el centeno, la levadura, algunas legumbres, el jengibre y los huevos. El uso de antibióticos también prescritos para tratar las diferentes infecciones alteró su flora intestinal y facilitó el sobrecrecimiento de levaduras. Ello causó los diferentes síntomas gastrointestinales como los dolores de estómago, diarreas/estreñimiento, picores anales e incluso sensación de náuseas. La consecuencia final del consumo abusivo de alimentos inadecuados, como el gluten contenido en los diferentes productos a base de trigo especialmente, fue permeabilidad intestinal, que a su vez aumentó la inflamación sistémica y la aparición de mayores sensibilidades y alergias alimentarias.

Dada mi percepción clínica sobre el paciente que tenía enfrente, le hice la analítica en cabello para valorar su toxicidad en metales pesados. Noelia mostró elevados niveles de mercurio y plomo. Seguramente su exposición a los metales pesados fue similar a otros niños de su edad y entorno, pero ella en concreto no fue capaz de eliminarlos adecuadamente de su cuerpo y se almacenaron en tejidos. ¿Por qué? Puede ser por combinación de un factor genético sumado a un factor nutricional, al llevar una alimentación pobre en queladores naturales. Esos 2 metales pesados, plomo y mercurio, tienen una relación hoy más que demostrada con los problemas de tipo autoinmune y cognitivos.

Está claro que el problema no era una deficiencia de Ritalin, que no se trataba de tomar medicamentos, sino que había que corregir todo su terreno de salud. El camino era muy simple. Empezamos por evitar que Noelia siguiera en contacto con posibles tóxicos medioambientales y eliminar de su alimentación cualquier alimento procesado, refinado y en especial aquellos que pudieran generarle un trabajo adicional a su sistema inmune como el gluten, los lácteos, y los aditivos alimentarios. También identificamos los micronutrientes deficientes y empezamos a restaurar su salud mediante su aporte en dosis precisas individualizadas: equilibramos su perfil de ácidos grasos Omega 3-6-9 e incluso su perfil en grasas saturadas; reajustamos los niveles de vitaminas, minerales y oligoelementos carentes; balanceamos su flora intestinal; aportamos queladores orales para eliminar su toxicidad en metales pesados; aportamos fitonutrientes que pudieran apoyar las funciones de detoxificación hepáticas; mejoramos el balance de sus neurotransmisores y hormonas… Además, trabajamos la inteligencia emocional, la confianza, la autoestima, les aporté técnicas de estudio reconfortantes, trucos para aprender a relajarse jugando, enseñanzas que pudieran mejorar su comportamiento sin castigos. Les inculqué la importancia del ejercicio físico y buscamos un deporte que pudiera motivarle y permitirle canalizar energía. Todo ello fue adquiriéndolo e integrándolo poco a poco, en diferentes consultas, educando en especial a su madre con paciencia y cariño, para que pudiera llevar a cabo los cambios necesarios en el estilo de vida de su hija. En cada nueva consulta yo confirmaba su evolución y veía que su salud neurocognitiva empezaba a funcionar mejor. En paralelo, en consenso con sus respectivos médicos, fuimos reduciendo la medicación en la medida que el médico veía en Noelia que no la necesitaba y que, además, era la voluntad de la familia. Todo empezaba a fluir y a normalizarse. Al día de hoy Noelia ya no toma Ritalin, ni antihistamínicos, ni broncodilatadores, ni ningún tipo de antibiótico o analgésicos. Quien la conoce hoy la describe como una niña alegre, divertida, positiva y con unas tremendas ganas de vivir feliz, con una sonrisa que a todos contagia. Sus resultados académicos han mejorado tanto que está siendo una de las que mejores notas está sacando. Puede concentrarse sin problema y es de las más atentas de la clase. Su irritabilidad y ansiedad ya han desaparecido. Todos aquellos síntomas que sufría ya tampoco los padece y es capaz de dormir toda la noche seguida sin problemas.

No aconsejo en ningún caso dejar de tomar los medicamentos pues quien los puso debe responsabilizarse para que puedan ser retirados, en caso de ser posible. Lo importante es tomar consciencia de los efectos adversos y dañinos que pueden tener en un niño/a y que existen vías más naturales para mejorar su salud y, por ende, su comportamiento “no adecuado” ante los ojos de los adultos.

 

Sandra Farré, experta en Nutrición Celular Activa

Terapeuta y Coach para el despertar a una

Vida Sana - sandrafarreschneider@gmail.com

 

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