Castaño de Indias y Vid Roja, cómplices de la circulación

Sección: Plantas que curan

Publicación: Revista nº 58

Existen enfermedades que aparecen con mayor frecuencia o se agravan en determinadas épocas del año: depresiones en primavera y otoño, procesos catarrales en invierno, alergias también en primavera, migrañas durante las tormentas eléctricas, etc. Nuestro organismo tampoco es ajeno a la llegada del calor, donde entre otras cosas, la pesadez de piernas, el edema de tobillos o el dolor provocado por varices, delatan el empeoramiento de nuestro sistema circulatorio venoso

Las afecciones del sistema venoso son frecuentes en la población en general, pues entre el 10% y el 15% de ella las presenta. Aunque en la mayoría de los casos no constituyen una patología grave, pueden ser muy molestas. Además, si no se adoptan las medidas adecuadas para su tratamiento y se deja que evolucionen, pueden originar complicaciones serias. Se suele decir que "la insuficiencia venosa al principio se tolera, posteriormente se sufre y finalmente incapacita". Así que se hace necesario conocer algo más de esta patología y de como ponerle freno.

El drenaje de los miembros inferiores se hace a través de un sistema venoso profundo y otro superficial, que se unen a nivel de la ingle, por el cayado de la safena interna, y detrás de la rodilla, por el cayado de la safena externa, existiendo otras pequeñas comunicaciones. Además de estos dos puntos de unión importantes, existen otras pequeñas comunicaciones llamadas anastomosis. Para impedir el retroceso de la sangre, venciendo la acción de la gravedad, existen unas válvulas semilunares, que permiten que la sangre vaya subiendo desde los pies hasta el corazón.

Las venas son estructuras extremadamente delicadas. Las alteraciones en sus paredes pueden producir una dilatación de la vena y lesiones de las válvulas. Las varices son dilataciones permanentes y difusas de una vena superficial o profunda localizada en cualquier parte del cuerpo, pero especialmente en las piernas. Otras localizaciones menos frecuentes son en el tercio inferior del esófago, como ocurre en la cirrosis hepática, y en el grupo de venas que forman el plexo venoso anorrectal, en las hemorroides.

Las varices que aparecen en los miembros inferiores constituyen el trastorno vascular más frecuente, incidiendo sobre todo en aquellas personas que permanecen de pie todo el día (camareros, peluqueros, cirujanos,...) y en obesos. Se considera que esta patología tiene una incidencia de casi el 50% en adultos de mediana edad, siendo más frecuente en mujeres que en hombres, con una relación de cuatro a uno. Con la edad, la frecuencia de aparición también aumenta debido a la falta de tono de los tejidos, a la perdida de masa muscular y el debilitamiento progresivo de las paredes de las venas. En el embarazo, también se desarrollan fácilmente estas venas varicosas, debido al aumento de la presión venosa en las piernas, aunque también aquí parece que intervienen otros factores como los hormonales. Clínicamente, se manifiestan por aparecer dilataciones venosas tortuosas, hinchazón, oscurecimiento de la piel, aparición de ulceras, fatiga, dolor o pesadez.

Las complicaciones más frecuentes son las flebitis, que se suelen producir por infecciones o traumatismos, pigmentaciones, eccemas y equimosis, debidas a la cronificación del estasis venoso, por la fibrosis del edema mantenido, que provoca induración de los tejidos y extravasación de los hematíes, responsables de la coloración parda de la piel por el deposito de hierro. también puede haber ulceración ("ulcera cruris"), cuando la infección de la zona provoca necrosis y destrucción tisular y hemorragias (varicorragia), que puede ocasionar a veces en ancianos la muerte por anemia aguda, al romperse una variz y producirse un sangrado abundante.

A la hora de prevenir su aparición o incluso de tratarlas, se deben tomar una serie de medidas higiénico-dietéticas, como son evitar el estreñimiento, consumiendo una dieta abundante en fibra, evitar el uso de ropas ajustadas y de ligaduras en la mitad inferior del cuerpo (calcetines, medias, etc.), no estar de pie o sentado más de una hora seguida y procurar dormir con las piernas ligeramente elevadas para favorecer el retorno venoso. también es importante mantenerse en el peso ideal, procurar no recibir golpes, y evitar el rascado y las rozaduras de los zapatos lubricando la piel en personas que ya presentan alteraciones en la piel, evitar medicamentos que empeoren la circulación venosa, como los anticonceptivos orales, usar medias elásticas que ofrezcan una compresión adecuada, hacer ejercicio físico, sobre todo el que favorece la movilidad de las piernas (pasear, natación, ciclismo o yoga), terminando con un ligero masaje, siempre en sentido ascendente desde los pies hasta el muslo. Además, podemos recurrir a ciertos suplementos dietéticos que pueden proporcionar una mejora en nuestro sistema venoso, como los bioflavonoides, extraídos por métodos naturales de numerosas bayas, entre las que se encuentran las del espino, cerezas, arándanos y moras, la vitamina C proveniente de la acerola y la vitamina E del germen de trigo, así como a tratamientos homeopáticos o de acupuntura, que seguro nos ofrecerán buenos resultados practicados por un buen profesional.

Sin embargo, la fitoterapia es la mejor alternativa al tratamiento farmacológico, (sin olvidarnos de que muchos fármacos también están compuestos de plantas medicinales) pues son numerosos los remedios herbales con una comprobada acción sobre nuestro sistema circulatorio venoso, como son el Castaño de Indias (Aesculus hippocastanum), Ginkgo (Ginkgo biloba), Rusco (Ruscus aculeatus), Arándanos (Vaccinium myrtillus) o Vid Roja (Vitis vinifera), que podemos encontrar en forma de infusiones o en extractos, ya sean sólidos (capsulas) o fluidos (gotas). Pero detengámonos en dos de ellos, quizás los más activos, el Castaño de Indias y la Vid Roja.

Castaño de Indias
El Castaño de Indias (Aesculus hippocastanum) es un árbol de hoja caduca que puede alcanzar los 20-30 metros de altura, originario de Asia Menor, India e Irán, muy utilizado como planta ornamental, que se adapta muy bien a los países de clima templado. Aesculus es el nombre que se le da en latín a la encina e hippocastanum significa castaña del caballo (hippo = caballo, castanum = castaña), ya que se empleaban los frutos para alimentar a los caballos y otros animales.

En las semillas encontramos escina, eculósido y esculotósido, que le confieren propiedades como venotónico, antiedematoso, antiinflamatorio y reductor de la permeabilidad vascular. Esto favorece que disminuya el edema asociado a la insuficiencia venosa que, además de ser consecuencia de una mala circulación, también contribuye a empeorarla (acción antiexudativa). Por otro lado, su efecto venotónico contribuye al fortalecimiento de las pareces venosas, al aumentar el tono de la fibra muscular lisa que se encuentra en el interior de la pared venosa, con lo que mejora el flujo sanguíneo de las venas. A esta acción en conjunto se la denomina acción vitamínica P. también tiene propiedades sobre el sistema linfático, mejorando su circulación.

Debido a estas acciones está indicada en casos de fragilidad capilar, hemorroides, varices, insuficiencia venosa, tromboflebitis, edemas, epistaxis, equimosis, metrorragias, dismenorreas, cuperosis, rosacea, coadyuvante de celulitis.

No son estos los únicos principios activos eficaces en el sistema venoso, ya que posee también taninos, que le confieren propiedades astringentes, útiles en el tratamiento de las hemorroides y de ciertos trastornos de la piel.

Tradicionalmente, ha sido empleada para el dolor premenstrual, la tos improductiva y la hiperplasia benigna de próstata.

Existen numerosas formas de obtener los beneficios que nos ofrece esta planta. La forma más común es en infusión, empleándose unos 30 gramos por litro y siendo necesario tomar tres tazas al día. Sin embargo, la forma más segura y efectiva es a través de algún preparado en gotas o en capsulas, que este estandarizado en escina, bien en gotas (extracto fluido), aproximadamente unas 30 gotas tres veces al día, o en capsulas o comprimidos (extracto seco), 500 mg. al día. También podemos emplearlo de forma tópica en forma de pomadas, cremas o geles, que contengan un 20% de extracto fluido o glicólico.

Vid Roja
La Vid Roja (Vitis vinifera) es una planta leñosa, trepadora, que puede alcanzar hasta los 30 metros de longitud. Se cree es originaria del suroeste de Asia y extendida por el centro y sureste de Europa, aunque actualmente la encontramos en cualquier clima templado.

Posee en las hojas flavonoides y antocianosidos, que le confieren un efecto venotónico, vasoprotector, astringente y diurético. Estos principios activos y las acciones que consecuentemente se derivan de ellos, la convierten en una de las plantas medicinales con más acreditada acción sobre el sistema venoso, ya que actúa como angioprotector, siendo un tónico venoso y capilar. Los procianidoles que también posee actúan a nivel de la intima de los vasos, fijándose a los glucosaminoglicanos y estabilizando las fibras de colágeno. Así, crean puentes entre las cadenas polipeptídicas, entrecruzándolos, con la consiguiente disminución de la permeabilidad, fortaleciendo las paredes de las venas y evitando el edema asociado a estos trastornos circulatorios. Posee propiedades antiagregantes, que previenen la formación de trombos, responsables de la aparición de muchos accidentes cerebrovasculares, por lo que al aumentar la fluidez de la sangre puede interferir con anticoagulantes orales.

Las proantocinidinas también le confieren un interesante efecto antioxidante, al captar radicales libres, especialmente el anión superóxido, además de inhibir la enzima xantinooxidasa, relacionada con la formación de estos aniones. Sus principales indicaciones son por tanto las varices, hemorroides, flebitis, edemas, fragilidad capilar.

Puede usarse tanto por vía interna como externa. Cuando se usa por vía interna suele ser en forma de infusión, empleando una cucharadita de postre por cada taza, siendo necesario tomar tres tazas al día. También se puede emplear en forma de extracto fluido. En este caso se toman unas 50 gotas de una a cuatro veces al día, siendo lo habitual 30 gotas tres veces al día. Si lo que queremos es utilizarla en forma de capsulas o comprimidos, debe emplearse un extracto seco (5:1), 300 mg, tres veces al día. Finalmente, también la podemos emplear de forma tópica en uso externo, bien en crema, que podemos adquirir en herbolarios, o en forma de pediluvio (baños en los pies), siendo recomendable que se realicen alternando baños de 5-10 minutos de infusión caliente, seguidos de otros 5-10 minutos en frió, repitiéndose el proceso al menos tres veces y finalizando siempre con un masaje de las piernas en sentido ascendente.

Joaquín Outón
Medico Naturista, director técnico de Laboratorio Vital 2000

 

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