Aromaterapia y masajes, sinónimo de bienestar

Sección: Estética y belleza

Publicación: Revista nº 44

Es cierto que oír la palabra masaje nos produce placer, nos evoca esos pases y amasamientos que nos relajan y calman… y si detrás oímos aromaterapia, entonces nuestros sentidos ya gozan en éxtasis: maravillosos aromas nos envuelven, cálidos aceites se deslizan en nuestra piel…, nuestra mente viaja recordando con cada aroma un universo de relajación corporal y sensorial

Es precisamente el área de la estética y de la balneoterapia, la que ha publicitado más el mundo de la aromaterapia, pero ¿de qué aromaterapia estamos hablando? Ya que la definición por excelencia de la aromaterapia es la curación por los aromas, ¿de qué manera curan los aromas? Hay que adentrarse en este mundo, tan exclusivo, para poder conocer qué es un aroma y qué tipo de aromas son especialmente los indicados, qué podemos usar para curar y de qué manera se usan.

Entendiendo por aromaterapia el arte curativo que usa aceites esenciales extraídos de plantas aromáticas, podemos explicar que básicamente existen en la actualidad tres líneas de trabajo con los aromas, de las cuales sólo una necesita usar específicamente verdaderos aceites esenciales. Estas sustancias son algo exquisito que sólo produce la naturaleza. Forman parte de los principios activos que puede producir una planta, que en este caso se le llama planta aromática, de igual manera en que produce glucosa, ácidos grasos o taninos. Sin embargo, los aceites esenciales son extraordinarios, pues son el aroma de esa planta (o bien de una parte de esa planta) y aún no se conoce a ciencia cierta cuál es su función, pues si bien se ha propuesto muchas veces que son parte del sistema de comunicación sexual de la planta, atrayendo con su aroma posibles insectos polinizadores, esta teoría falla cuando el aceite esencial es producido en la raíz o el tallo de la planta, que no tiene flores para polinizar y que no sale al exterior por evaporación. Por tanto, estamos ante una de esas maravillas que aún desconocemos y que la naturaleza produce para nosotros. Sin embargo, los avances en la ciencia química dicen que no, que a pesar de todo un aceite esencial se compone de tantas moléculas y que éstas pueden copiarse y reproducirse en el laboratorio con la misma eficacia que tiene la naturaleza. Y aquí es donde obtenemos un aceite esencial, que no es verdaderamente un aceite esencial, sino una copia, una reproducción química. Y es a partir de la producción en laboratorio (sobre todo desde el primer cuarto del siglo XX) cuando nos encontramos con las diferentes posibilidades que nos ofrece, tanto la naturaleza como la química, y que dan origen a los distintos usos actuales de estas sustancias y de sus aplicaciones, que llamamos aromaterapia en general. Si usamos solamente verdaderos aceites esenciales, extraídos con métodos clásicos y sin ninguna manipulación posterior, estaremos hablando de la verdadera aromaterapia, término acuñado en Francia en los años 30 del siglo XX y que estudia la aplicación orgánica con fines terapéuticos de los aceites esenciales. Para que estas sustancias sean operativas, como lo es una sustancia terapéutica deben usarse solo auténticos aceites esenciales sin manipular y conocer la exacta dosificación que debemos utilizar con fines estrictamente terapéuticos. Esto es debido a que estas sustancias son tremendamente activas en el organismo, siendo difícil determinar la dosis tolerada por cada individuo y fácil equivocarse usando incluso dosis bajas, ya que lo mismo puede resultar insuficiente como excesivo. La potente acción que tienen estas sustancias requiere muchos estudios y ha obligado ha desarrollar una aromaterapia científica, en la que se ha basado la comunidad internacional para establecer las normas internacionales en el uso terapéutico de los aceites esenciales auténticos. La posible toxicidad de muchos aceites esenciales obliga sistemáticamente a tener una formación básica muy amplia, para poder trabajar con ellos en aplicaciones terapéuticas y hoy en día estas investigaciones médicas ya dan paso a preparados terapéuticos seguros, a la vez que muy eficaces. Esta es la aromaterapia en la que podemos confiar, que trate eficazmente dolores reumáticos, trastornos circulatorios, digestivos, inmunitarios, cutáneos, respiratorios, musculares y articulares, hormonales y nerviosos, y la que usa dosis verificadas inocuas para la persona, pero efectivas a la vez.

Esta es la aromaterapia que con sus investigaciones permite explicar la acción inmunológica de ciertos aceites esenciales, pues se ha comprobado que después de un masaje de cuerpo entero con aceites esenciales activadores de la respuesta inmune, ésta queda elevada durante tres días seguidos. O la acción antibiótica de otros aceites esenciales, que puede ayudar a aquellos a los que los antibióticos convencionales ya no les hacen efecto porque se han saturado de ellos. Esta es la aromaterapia que permite realizar esos masajes terapéuticos que calman los dolores de las articulaciones o alivian los dolores de parto. La que en aplicaciones estéticas quita manchas oscuras, regenera arrugas o devuelve la tersura a la piel. Es la aromaterapia que se ha usado durante miles de años para curar males y calmar ánimos, la que podemos llamar verdadera y a la única que podemos acudir si queremos curarnos de alguna enfermedad. La llamamos Aromaterapia Científica para diferenciarla de la otra forma de Aromaterapia terapéutica que está extendiéndose muy rápidamente. La Aromaterapia Científica es sobre todo una línea terapéutica desarrollada en Francia y que sigue la línea de aplicación directa sobre el cuerpo de los aceites esenciales (por vía cutánea, respiratoria o digestiva) que viene desde la antigüedad, particularmente de egipcios y sumerios. Pero además, sabemos que los aromas ejercen una acción en nuestro cerebro, sin necesitar nada más que olerlos, terapia que actúa sobre los estados de ánimo, concentración mental y respuestas sexuales, entre otras acciones. Esta línea terapéutica se ha desarrollado más en Gran Bretaña, donde los grandes herboristas usaban también los aromas para curar el alma (véase Culpeper). Y es en esta línea terapéutica donde se ha desarrollado en el último siglo la química, que ha permitido producir y oler aromas artificiales que actúan en nuestro cerebro.

Y es que hoy en día podemos hacer Aromacología, que se confunde con Aromaterapia porque usa aromas, pero éstos no provienen de los aceites esenciales naturales verdaderos, sino que usa varios tipos de aromas que pueden provenir de distintas gamas de aceites esenciales: los llamados aceites esenciales reconstituidos, los aceites esenciales sintéticos o simplemente los aceites esenciales mezclados (parte verdaderos y parte sintéticos, lo que llamamos los terapeutas aceites adulterados). Se ha descubierto que en cuanto al efecto en el cerebro de un aroma, no es relevante la fuente del mismo ya que el cerebro no diferencia si ese olor viene de una fuente natural o de una artificial, simplemente reacciona a la vibración que tiene ese olor, y la respuesta cerebral es inmediata sea cual sea la fuente del aroma que estemos oliendo. Por esta razón se pueden usar aceites esenciales reconstituidos o simplemente sintéticos, si nos dedicamos a la Aromaterapia Holística o a la Aromaterapia de Bienestar. Estas dos líneas de trabajo se basan en el efecto que tienen los aromas en nuestro cerebro, de manera que al usar el aroma de distintas maneras lo olemos y es este efecto en el cerebro lo que perseguimos. Por ejemplo, podemos poner el aroma en un difusor, en un cuenco con agua o en un pañuelo para olerlo las veces que necesitemos. O podemos usar un aceite perfumado con una fragancia que nos recuerda el olor de los mares del sur o de la Alhambra para evocar un viaje sensorial y eso no nos va a hacer ningún daño a pesar de que no son aromas naturales (aceites esenciales verdaderos).

La Aromacología engloba tanto la investigación sobre el efecto de los aromas en el cerebro, como el desarrollo de las fórmulas más apropiadas y agradables, pero no podemos confundirla con la Aromaterapia. Estas copias o mezclas de los aceites esenciales no funcionan para curar, ya que no tienen acción orgánica, como ejemplo se ha demostrado que, dentro de las distintas moléculas que configuran el aceite esencial, los terpenos son componentes activos en la función terapéutica final del mismo, por lo que son imprescindibles dentro de un contexto terapéutico.

Usar aceites esenciales no auténticos, o mezclas de ellos, o aromas sintéticos, en un contexto sensorial no tiene ningún riesgo, y esto es lo que ha permitido que la estética y la balneoterapia hayan incluido dentro de sus propuestas esta maravillosa apertura al bienestar sensitivo, ya que esteticistas o masajistas sin formación en aromaterapia pueden aplicar sin riesgos estos maravillosos aromas. Y por eso encontramos entre sus propuestas tratamientos con aromas de chocolate, de vino, de oriente o del océano, que nos entran por la nariz y por la piel en forma de masajes maravillosos, que nos transportan a otros lugares pero que no ejercen ninguna acción terapéutica fuera de la relajación corporal. Si además de la relajación corporal deseamos actuar sobre la circulación sanguínea, entonces ya debemos asegurarnos de aplicar verdaderos aceites esenciales con la dosis correcta y en contexto terapéutico para encontrar resultados más allá de los puramente sensoriales, es decir, asegurarnos de aplicar Aromaterapia Científica. Una cosa no es mejor que otra, simplemente es diferente. Pero debemos conocer esa diferencia. Y reconocer que un masaje de Aromaterapia con aceites esenciales auténticos, además de ser una maravillosa experiencia sensorial, tiene una profunda acción terapéutica en el cuerpo y en el alma.

Sheila Minguito García, naturópata y experta en Aromaterapia (www.manae.es)

 

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