Los ecológicos resisten a la crisis

Sección: Ecología

Publicación: Revista nº 87

Aumentar el consumo interno de estos productos sigue siendo el gran desafío para un país que no pasa del noveno puesto en el ranking, con un gasto medio de 21 euros por persona y año
Los ecológicos resisten a la crisis


Contra viento y marea. La expresión podría servir perfectamente para describir la enorme capacidad de respuesta demostrada por un sector ecológico español que parece haber superado las enormes dificultades a las que ha hecho y está haciendo frente, todavía hoy. Un sector que ha resistido con determinación las embestidas de una crisis económica de proporciones gigantescas que ha puesto a prueba la fortaleza de sus cimientos y que permite mirar al futuro con optimismo ahora que el temporal empieza a remitir, aunque los brotes verdes, de momento, sólo se vislumbren a nivel macroeconómico. 

Lo cierto es que hace sólo unos años, el huracán económico amenazaba con llevárselo todo por delante. Hoy, sin embargo, pueden constatarse cifras que hablan de un sector que, pese a no crecer como en años anteriores, ha resistido más que correctamente a la crisis y que, ahora, afronta cargado de ilusión el futuro. Y es que el horizonte se presenta lleno de oportunidades para una agricultura, la ecológica, que se está consolidando como modelo productivo –definido y regulado por una activa legislación europea- y como un eje principal del desarrollo competitivo agroalimentario de la zona comunitaria. La evolución y el crecimiento sostenido del sector durante la última década en Europa permiten predecir unas buenas perspectivas a corto y medio plazo (2015-2020). 


Actualmente, el volumen de negocio a nivel europeo es de 22.000 millones de euros al año. Una cifra lo suficientemente importante por la que competir para un país como España que, según el citado estudio, sigue siendo uno de los mejor posicionados del sector ecológico a nivel internacional. No en vano, es el quinto del mundo en superficie destinada a este tipo de cultivo -un 6,5% de su superficie agrícola (la media de la Unión Europea es del 6,1%)-. Además, es el segundo de la UE en número de explotaciones (más de 30.000, siguiendo a Italia que tiene 45.000). De 2003 a 2013 el volumen de negocio se ha multiplicado por cuatro (actualmente es de 1.000 millones de euros al año), aunque no es menos cierto que desde esa fecha se han detectado “síntomas de estancamiento en la estructura productiva ecológica española”. 


Un paréntesis
Y es que, evidentemente, la crisis ha causado daños y ha dejado su huella. Basta mirar los datos publicados en el año 2014 por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, según los cuales los productores, elaboradores y comercializadores de productos ecológicos eran en 2013 un total de 33.704, una cifra que ha experimentado una ligera mejoría con respecto al año 2011 (32.837), pero que está lejos de los espectaculares crecimientos que venía experimentando el sector desde 1991, fecha en la que España contabilizaba apenas 396 operadores. En definitiva, los números saltan a la vista, han sido dos décadas y media que han servido para recorrer un largo camino, aunque los últimos tres años a los que hace referencia el estudio del Magrama hayan sido años para recogerse y esperar a que pasase un temporal que todos los sectores de la economía, en mayor o menor medida, han sufrido. 

Pese a todo, el sector ecológico español puede presumir de encontrarse en una posición de privilegio, listo para afrontar el enorme desafío de hacer crecer el consumo interno de estos productos, su gran asignatura pendiente. Y es que pese a ser es el primer país europeo y el quinto del mundo en superficie agraria ecológica, con 1,61 millones de hectáreas de cultivo, España sigue siendo el noveno en gasto, con solo 20,9 euros anuales por habitante frente a los 177 de Suiza, líder en consumo de productos ecológicos. Así, la comida ecológica apenas representa en España entre el 1% y el 2% del sector de la alimentación, cuando en Suiza está entre el 7% y el 8%. Lo ecológico representa un 2,5% del total en Reino Unido, el 3% en Estados Unidos, el 3,5% en Italia y Canadá, el 4% en Alemania y Francia, y entre el 6% y el 7% en Suiza y Austria. La diferencia salta a la vista.

En términos de facturación, comanda el ranking Estados Unidos, con más de 26.000 millones de euros al año, seguido de Alemania (8.000), Francia (4.800), Canadá y Reino Unido (2.400), Italia (2.160), Suiza (2.100) y Austria (1.320). España, de momento, se tiene que conformar con un montante de 1.220 millones de euros. Muchísimo más que hace una década, pero lejos todavía de los países que más gastan en productos libres de residuos tóxicos. 

La merma en la capacidad adquisitiva de los españoles y el modelo de negocio basado en la tienda especializada (sólo el 20% de los artículos que se venden en España están en las estanterías de supermercados y grandes superficies mientras que en Alemania esta cifra es del 80%) son hándicaps importantes para el sector ecológico que, a nivel europeo, es toda una realidad. Y es que todo apunta a que no estamos ante una moda pasajera, sino de una tendencia que ha venido para quedarse. 

Mujer y concienciada
En cuanto al perfil del ciudadano español que consume productos ecológicos, conviene revisar los datos publicados por el MAGRAMA en noviembre de 2011. Aunque algo lejanos en el tiempo, significan un buen espejo al que mirarse para percatarse de lo que está sucediendo en el ámbito de los productos ecológicos en España. 


Entendiendo por consumidor de productos ecológicos a aquél que identifica la etiqueta oficial y la correlaciona correctamente con los productos ecológicos, a aquél que es capaz de identificar los criterios que definen a este tipo de productos y que, además, consume alimentos ecológicos una vez al mes como mínimo, el citado estudio reveló que el perfil del consumidor español de productos ecológicos es una mujer joven, de clase media-alta, y que reivindica una forma de vida más natural y respetuosa con el medio ambiente. 


Así, un 56% de los que superaron los filtros eran mujeres y un 64%, menores de 44 años (35% por debajo de los 34 años y 29% entre los 35 y los 44 años). La capacidad adquisitiva también se reveló como un factor de peso a la hora de consumir ecológicos. Así, el estudio reflejó que la mayoría de los consumidores de estos productos son de clase media (43%) mientras que la cifra era idéntica en las clases media-baja y media-alta (19%). En cambio, sólo un 4% de la clase baja declaró ser consumidora de productos ecológicos, una cifra muy inferior a los de la clase alta (15%). En cuanto a la composición del hogar, el estudio concluyó que la presencia de hijos menores de 12 años en el hogar también está relacionada con el consumo de ecológicos.

Por otra parte, el estudio reveló que los consumidores de productos ecológicos prefieren adquirir productos próximos a su entorno, que muchos de ellos no buscan marcas concretas en este tipo de productos, y que son personas comprometidas con la sostenibilidad y el medio ambiente. En general, además, son consumidores bien informados, que leen las etiquetas de los productos que compran y saben identificar el auténtico producto ecológico. La preocupación por la salud es un aspecto que comparten la gran mayoría de los consumidores de estos productos que son percibidos como más naturales.

Por último, los vegetales y la fruta son los productos ecológicos más consumidos, y el consumidor de alimentos ecológicos lleva una media de más de 5 años consumiendo este tipo de productos. La baja disponibilidad y el precio son los motivos principales por los que no se consumen algunas categorías. 

Por otra parte, cabe destacar que el estudio permitió identificar cuatro grupos de consumidores ecológicos según sus actitudes. Un 26% declara consumirlos por una cuestión de moda mientras que el 32% se muestra convencido de su elección y reivindica una forma de vida más natural y respetuosa con el medio ambiente. Por su parte, un 21% declaró que consume ecológicos por puro respeto del medio ambiente, el mismo porcentaje que quienes aseguraron hacerlo por una preocupación por la salud propia y de sus familiares. 

 

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