La supervivencia de las abejas

Sección: Ecología

Publicación: Revista nº 83

Uno piensa en abejas e inmediatamente le vienen a la cabeza sus beneficios en forma de miel, jalea real o propóleo, pero en realidad las abejas son mucho más que eso porque, en gran medida, nuestros alimentos dependen de la polinización natural intermediada por insectos: un servicio clave que abejas y otros polinizadores prestan al ecosistema
La supervivencia de las abejas

Greenpeace se ha embarcado en una nueva campaña que busca 100.000 firmas en España para forzar a los gobiernos a tomar medidas efectivas que ayuden a frenar el alarmante descenso de las poblaciones de abejas en el mundo. Solicitan que se establezca un calendario para la prohibición de los plaguicidas más dañinos (imidacloprid, clotianidina, tiametoxam, fipronil, clorpirifos, deltametrin y cipermetrin) y se desarrolle un plan de acción integral para proteger a las abejas y demás polinizadores, y establezca una hoja de ruta para incrementar a 7,6 millones de hectáreas la superficie dedicada a la agricultura ecológica en 2020.

Lo dice Luis Ferreirín, responsable de la Campaña de Agricultura de Greenpeace, quien recuerda que productos tan geniales como la miel, la jalea real o el propóleo “son producidos solo por una especie de abejas” y suponen “una ínfima parte de todo lo que nos dan”. “La gran aportación de las abejas melíferas es la polinización”, constata al tiempo que reclama que se tenga en consideración a todas las demás especies de insectos polinizadores, que “no nos dan esos productos tan fantásticos pero sí todo lo demás. Las abejas melíferas juegan con ventaja porque precisamente tienen a los apicultores que les cuidan. Pero si pensamos en otros insectos polinizadores, no tienen apicultores. Sólo medidas estructurales que garanticen el buen estado del medioambiente los van a poder salvar”.

“La diversidad de todos esos insectos, incluyendo las abejas melíferas, por supuesto, es fundamental para mantener el equilibrio ecológico en el planeta”, sostiene Ferreirín, con los datos en la mano. “Cerca del 90% de las especies con flor del planeta dependen de la polinización por insectos y más de una tercera parte de la producción mundial de alimentos depende también de este tipo de polinización. Y si hablamos de diversidad alimentaria, cerca del 80% de los cultivos a nivel mundial dependen en mayor o menor medida de la polinización por insectos. Estamos hablando de nuestra seguridad alimentaria”, indica.

Beneficios incalculables

En España, los beneficios de los insectos polinizadores para la agricultura son también enormes. “Sólo para los alimentos de consumo directo humano -explica el portavoz de la campaña de Greenpeace- el 70% dependen de la polinización por insectos y aportan un valor económico de más de 2.400 millones de euros a la agricultura, aunque es totalmente imposible calcular lo que nos dan respecto a los ecosistemas. Es un valor que nadie se ha atrevido a calcular porque, sencillamente, es incalculable. Son muchos los servicios que están relacionados con la polinización”, apunta.

En este sentido, recuerda Ferreirín, el equilibrio ecológico del planeta y el de los ecosistemas dependen de esos pequeños insectos, “no sólo porque permiten la biodiversidad vegetal, sino porque están en la base alimentaria de otras muchas especies”, explica. “A través de su polinización facilitan también la seguridad alimentaria de otras especies de vegetales, pájaros o incluso mamíferos como, en España, el oso pardo o el urogallo, que se nutren mucho de frutos silvestres. Por lo tanto, estamos poniendo también en riesgo especies que incluso están en peligro de extinción”.

Los estudios indican que las poblaciones de abejas no paran de decrecer en todo el mundo, con descensos del 30% en Estados Unidos y del 25% en Europa, y recientemente se han puesto sobre la mesa datos alarmantes en relación a otros insectos polinizadores como los abejorros. “En Europa existen 68 especies diferentes de abejorros y los datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que hace la lista roja de las especies amenazadas, indicaba que el 46% de esas especies está en declive y lo que es aún más grave, el 24% está en peligro de extinción”, apunta Ferreirín, quien añade que el año pasado la Agencia Europea de Medio ambiente publicó datos sobre las mariposas de las praderas, cuyas poblaciones “han decaído un 50%”. Datos, todos ellos, que “son un termómetro de la naturaleza, nos indican que algo está muy mal ahí afuera”, concluye.

Efectos agudos y subletales

En Europa existen cerca de 2.500 especies de abejas, más de mil en España, que están sufriendo los rigores de “un modelo de agricultura industrial que hace un uso intensivo de insecticidas que están diseñados para matar insectos. Y eso es lo que son estos pequeños seres vivos”.

Los insecticidas pueden provocar la muerte inmediata de estos insectos (efecto agudo) o, a dosis más bajas, pueden provocar efectos subletales que “no debilitan solo al individuo sino a toda la colonia, provocando a su vez su desaparición”.

Entre estos efectos subletales, uno de los más importantes es la pérdida de orientación que provocan los insecticidas en las abejas. “En el caso de las abejas melíferas, que es donde más se ha investigado por esa relación milenaria que existe con los seres humanos, se sabe que son capaces de navegar más de cuatro y cinco kilómetros en busca de floraciones donde poder recoger polen y néctar”, indica Ferreirín a la vez que habla sobre los efectos que tienen estos insecticidas sobre la capacidad de aprendizaje de las abejas. “Hablamos de superorganismos en los que la comunicación interna dentro de la propia colonia es muy desarrollada. Cuando navegan a esas distancias, vuelven a la colonia e informan con exactitud sobre dónde están esas floraciones para que todas las abejas obreras puedan ir allí a alimentarse”. Por si fuera poco, los plaguicidas afectan a “su sistema inmunitario, las debilitan y, por tanto, las predisponen de una forma más severa a parásitos y enfermedades”.

Solicitudes al Gobierno

Por todo ello, desde Greenpeace están pidiendo la “prohibición total e inmediata” de todos aquellos insecticidas que son peligrosos para las abejas. “Hemos desarrollado una lista de aquellos que consideramos que son de acción inmediata, siete en total (imidacloprid, clotianidina, tiametoxam, fipronil, clorpirifos, deltametrin y cipermetrin), y cuatro de ellos, los cuatro primeros, ya han sido parcialmente prohibidos en la Unión Europea, aunque nosotros pedimos una prohibición total porque hay otros usos que siguen estando permitidos y pueden afectar igualmente a estos insectos polinizadores”, recalca.

Igualmente, solicitan que se amplíe la prohibición a otros plaguicidas que son igualmente peligrosos. No en vano, en España, existen 319 productos comerciales que tienen distintas sustancias activas, entre ellas las antes citadas, en cuya hoja de registro pone explícitamente que son peligrosas para las abejas, lo que ha empujado a Greenpeace a pedir “que se establezca un calendario en España para prohibir estos plaguicidas”.

Por otro lado, Greenpeace solicita “un plan de acción integral y coordinado”, ya que “son muchos los factores” que afectan a la salud de las abejas y es importante “actuar en todos los frentes”. “Si seguimos en este ritmo de depresión del medio ambiente, al final, aunque prohibamos todos los plaguicidas, van a seguir teniendo problemas”, sostiene Ferreirín.

Modelo ecológico

Por último, Greenpeace reclama que se haga “una apuesta decidida por el sector ecológico”. “Es el único modelo de agricultura que es respetuosa con el medio ambiente y promueve la biodiversidad. No solo nos da alimentos sanos a nosotros, los humanos, sino también a estos pequeños insectos  cuando van a las flores a alimentarse, produciéndose la polinización por accidente. Igual que nosotros, ellos necesitan alimentos sanos, diversos y de calidad, y solo la agricultura ecológica puede ofrecerles eso”, argumenta.

En este sentido, cabe destacar que existen estudios científicos que han demostrado que en los últimos treinta años, en las fincas gestionadas con técnicas de agricultura ecológica, existe hasta un 34% más de biodiversidad tanto animal como vegetal y hasta un 50% más de especies de abejas. “Son fundamentales para el ecosistema y la seguridad alimentaria. La producción ecológica garantiza que la polinización sea lo más adecuada posible”.

Karmelo Anabitarte


 

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