Se calcula que aproximadamente un 10% de la población sufre migrañas. Este mal, más frecuente en mujeres, puede verse aliviado, gracias a las diferentes posibilidades que la naturaleza nos ofrece, y sin tener que recurrir a los fármacos
La migraña es una enfermedad crónica cuya causa suele ser desconocida y que se manifiesta en forma de cefaleas o dolores de cabeza de tipo pulsátil, generalmente unilateral, que pueden llegar a durar hasta tres días. Se acompaña de síntomas como las náuseas, fotofobia (aumento de molestias con la luz y rechazo de la misma) y fonofobia (aumento de molestias con los ruidos y rechazo de los mismos), que obligan a quien la sufre a aislarse en una habitación, alejado de estos factores agravantes.
Algunas personas pueden percibir síntomas de advertencia de que van a sufrir una migraña, a los que se denomina aura, relacionados casi siempre con el sentido de la vista, tales como visión borrosa o excesivamente luminosa, y pérdida del campo visual. Pero también otros síntomas no visuales, como parestesias u hormigueos en la cara o cualquier otra parte del cuerpo, pérdida de la habilidad lingüística o distorsión olfativa. Estos síntomas permiten que podamos diferenciar entre las migrañas con o sin aura.
Se calcula que aproximadamente un 10% de la población sufre migrañas, presentándose con una incidencia casi del triple en mujeres que de hombres, y siendo más frecuente entre los 10 y 45 años, tendiendo a disminuir a partir de esa edad. También se observa que entre un 70-80% existen antecedentes familiares de migraña, lo que apoya la teoría de la existencia de una base genética, que se transmite a través del cromosoma 9.
En cuanto al origen de las migrañas, parece ir perdiendo peso la teoría de que se deben a un fenómeno de vasodilatación de las arterias craneales, en favor de una actividad cerebral anormal, que implica cambios en varios mediadores químicos, especialmente de la serotonina.
Además, existen numerosos desencadenantes conocidos, entre los que cabe destacar el alcohol, tabaco, alergias e intolerancias alimenticias, ciertos olores, destellos luminosos, cambios hormonales, ayuno, ruidos fuertes, estrés físico y/o emocional, etc. Entre los alimentos que tienen más probabilidad de desencadenar una migraña, están los alimentos procesados, ahumados, adobados, marinados o fermentados, el aditivo glutamato monosódico (E-621), al que se ha relacionado con el llamado "síndrome del restaurante chino", lácteos, chocolate, alimentos que contienen tiramina (como el queso curado, el vino tinto o las carnes poco hechas), ciertas frutas como el aguacate, los cítricos, las fresas o el plátano, nueces, cacahuetes, el hígado de las aves, etc.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, aunque a veces es necesario apoyarse en otras técnicas diagnósticas como punción lumbar, la tomografía computerizada o la resonancia magnética, con el fin de descartar otras causas de cefaleas más importantes.
El tratamiento más común es el empleo de medicamentos sintomáticos, de los que existen varios tipos, como los analgésicos, los antiinflamatorios, los triptanes y los derivados del cornezuelo del centeno. Con el fin de evitarlas y prevenirlas, el abanico de fármacos que se emplean es mucho mayor, pues también se indican antidepresivos, antihipertensivos o anticonvulsivantes.
Quizás más importante que el tratamiento de las migrañas es su prevención, por lo que se deberán evitar todas aquellas situaciones desencadenantes anteriormente descritas, que pudieran favorecer su aparición.
Además se deberán tener en cuenta una serie de medidas generales, como mantenerse en reposo lejos de luces y ruidos, aplicar compresas húmedas frías en frente y nuca o realizar un baño con agua tibia.
Las medicinas complementarias también aportan soluciones rápidas y eficaces en el tratamiento de las migrañas, y entre ellas destacan:
> Fitoterapia: Son numerosas las plantas medicinales con efecto analgésico entre las que cabe destacar el jengibre o el sauce y la ulmaria, que poseen ácido metil salicílico, del que derivó el famoso ácido acetil salicílico, que se utiliza como principio activo analgésico de síntesis. Sin embargo, la medicina naturista apuesta por un tratamiento más etiológico que sintomático, pudiendo emplearse el Ginkgo biloba o la Matricaria, si la causa es vascular, el ñame salvaje, la onagra o el Dong quai si es hormonal, la valeriana, pasiflora, tila o melisa si existe ansiedad y/o estrés, o el boldo, alcachofera o cardo mariano, si sospechamos un origen hepático.
> Homeopatía: Son numerosos los remedios capaces de solucionar la migraña, que un buen homeópata sabrá indicar en función de las particularidades del síntoma o modalidades, así como de la constitución de quien las padece, aunque se han demostrado como efectivos Ferrum phosphoricum, Nux vomica, Iris versicolor o Sanguinaria.
> Acupuntura: Es sumamente efectiva, tanto en el tratamiento como en la prevención, pudiendo compararse con la máxima eficacia obtenida con cualquier fármaco, para lo que será necesario un diagnóstico desde el punto de vista de la medicina tradicional china, siendo los más frecuentes el exceso de calor en el hígado y, en segundo lugar, las deficiencias de Yin del riñón.
> Nutrición ortomolecular: Existen también multitud de nutrientes cuya suplementación es capaz de mitigar una migraña, entre los que están el magnesio, las vitaminas del grupo B, el 5-HTP, fenilalanina o los ácidos grasos omega-3, que en su caso habrá que valorar para determinar si son o no necesarios.
> Masaje, yoga y meditación: Así como cualquier otra terapia que facilite la relajación: son terapias que, al provocar este efecto, también intervienen en la prevención y tratamiento de las migrañas.
> Flores de Bach: El Dr. Bach consideraba que la enfermedad se producía por un conflicto emocional. Lo cierto que esto es así en muchas situaciones, por lo que si somos capaces de solucionar dicho conflicto, la cefalea desaparecerá, por lo que sería muy útil acompañar el tratamiento de la migraña con este tipo de remedio. No existe una flor tipo para el tratamiento de la cefalea, y cada paciente puede necesitar una flor distinta en función de sus conflictos emocionales, debiendo elegirse el remedio según este criterio y no en función de los síntomas que padezca. Son especialmente útiles en las llamadas cefaleas tensionales, generadas por contracturas en la musculatura del cuello, cuya causa son, por lo general, problemas de estrés, ansiedad o depresión, siendo las más frecuentemente utilizadas Scleranthus, White chesnut, Hornbeam, Mustard y Sweet chesnut. Además, es frecuente observar una serie de comportamientos en quien precisa una determinada flor como:
> Agrimony: El paciente sufre cefaleas crónicas, con abuso de sustancias analgésicas, que se han ido añadiendo a lo largo de los años, por lo que acumulan una abundante medicación, que ya no resuelve el problema. Útil también en las cefaleas por estrés, que suelen aparecer los fines de semana, cuando el paciente está más relajado.
> Mimulus: También es víctima del abuso de analgésicos, pero más que hacerlo por la aparición real de cefaleas, los consume por miedo a que estas aparezcan, porque en algún momento las ha tenido y prefiere prevenirlas.
> Scleranthus: Tiene cefaleas porque sus constantes dudas en todos los aspectos de su vida, llegan a producir una hiperactividad mental, que conduce a una sensación de agotamiento y abotargamiento craneal responsable de la cefalea.
> Impatiens: También presenta un amplio historial de consumo de analgésicos, ya que se muestra impaciente ante la posible lentitud del efecto de un analgésico, por lo que le lleva rápidamente a consumir otro, si observa que no se ha producido el efecto en el tiempo deseado.
> Olive: La astenia psico-física puede llevarle a una sensación de agotamiento, que puede ser el origen de la cefalea, que se repite cuando el paciente se encuentra cansado y exhausto.
Joaquín Outón
Médico Naturista, director técnico de Laboratorio Vital 2000